Homilía del Papa León XIV en la culto de ordenación de 11 sacerdotes para la Diócesis de Roma

En la mañana del 31 de mayo, la Basílica de San Pedro vivió un día inolvidable con la celebración de la fiesta de la Visitación de la Bienaventurada Virgen María y la ordenación presbiteral de 11 diáconos para la Diócesis de Roma, presidida por el Papa León XIV.

El ambiente en la Basílica era de alegría y expectación, ya que esta ocasión es una de las más importantes para la Iglesia Católica, pues se celebra la fiesta de la Virgen María, quien con su humildad y amor a Dios, visitó a su prima Isabel para anunciarle la buena nueva del nacimiento del Salvador.

La Visitación es una de las fiestas marianas más importantes, ya que resalta la importancia de la humildad y la ayuda en la vida cristiana. Y en esta ocasión, se unía además la ordenación presbiteral de 11 diáconos, quienes sirven a la Iglesia con amor y dedicación y ahora, con la ordenación, podrán seguir sirviendo a Dios en su pueblo.

La realce estuvo llena de emoción, con la presencia de los familiares, amigos y fieles de los nuevos sacerdotes, así como de autoridades eclesiásticas y miembros de la comunidad religiosa. El Papa León XIV, con su humildad y sabiduría, guió la realce y con sus palabras, alentó a los nuevos sacerdotes a seguir el ejemplo de María, la madre de Jesús, en su servicio a Dios y a su pueblo.

Durante la homilía, el Santo creador destacó la importancia de la fe y la confianza en Dios, así como la humildad y el servicio en el camino de la vida sacerdotal. Recordó que María, en su humildad, fue elegida por Dios para ser la madre del Salvador y que, a pesar de las dificultades, confió completamente en la voluntad de Dios. Y al igual que ella, los nuevos sacerdotes deben estar dispuestos a servir a Dios y a su pueblo sin esperar nada a cambio, sino con amor y humildad.

El momento más esperado por todos llegó cuando el Papa León XIV impuso las manos sobre los diáconos, confiriéndoles el sacramento del orden sacerdotal. Se podía sentir la emoción y la alegría en el rostro de cada uno de ellos, así como en los fieles que presenciaban este importante momento.

Tras la ordenación, los nuevos sacerdotes ofrecieron su primera misa, un momento muy especial en el que agradecieron a Dios por el don del sacerdocio y por la oportunidad de servir a su pueblo. La comunidad religiosa y los fieles presentes se unieron en oración y acción de gracias por este día tan significativo.

La ordenación presbiteral es un paso importante en la vida de un sacerdote, pues a través de ella, se convierten en ministros de Dios y pueden celebrar los sacramentos, especialmente la Eucaristía, que es el centro de la vida cristiana. Y estos 11 nuevos sacerdotes estarán a cargo de llevar a cabo este importante sacramento en la Diócesis de Roma, guiando a su pueblo en el camino de la fe y la salvación.

En resumen, la ordenación presbiteral de 11 diáconos para la Diócesis de Roma en la fiesta de la Visitación de la Bienaventurada Virgen María, fue un día inolvidable lleno de emoción, fe y alegría. El Papa León XIV, con su sabiduría y amor a Dios, guió a los nuevos sacerdotes en su camino y alentó a todos a seguir el ejemplo de humildad y servicio de María, la madre de Jesús. Que esta ordenación sea una bendición para la Iglesia y para todos los fieles, y que estos

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